lunes, 21 de mayo de 2018

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OBSERVACIÓN: VEO,VEO. Sandra Menezo, Mónica Méndez.

- La observación se ha convertido en una herramienta fundamental en nuestra forma de trabajar y la vivimos de una manera muy especial y personal.

- La observación y la mirada se dan la mano

- La mirada es subjetiva, es personal como nuestras huellas dactilares, y contiene las ideas, experiencias, valores y perspectivas y creencias de cada cual.

- Observar es poner la mirada en el otro, es verle, es reconocerle, es hacerle saber que estamos ahí para ayudarle, respetarle y comprenderle.

- El bienestar de los niños en la escuela depende de nosotras, de la manera en que les tratemos, les miremos, les toquemos y les sintamos.

- La observación ha jugado y juega un papel clave, y es que, como resultado de pararnos y mirar, los niños se han convertido en el centro de todo nuestro trabajo cotidiano.

- Nuestros ojos, ven más allá de lo que hacen; ven cómo lo hacen, por qué lo hacen, qué sienten cuando lo hacen, qué necesitan para hacerlo, que les gustaría hacer…

- Observar en pareja educativa significa tener un prisma de miradas.

- Estar en pareja educativa nos permite abarcar un campo de información más extenso.

- Una mirada que cambio todo.

- No se puede observar todo a la vez, es necesario seleccionar aquello que nos interesa y centrarse solo en eso.

- Hay miradas que duelen y otras que calman, las hay también que humillan y avergüenzan, pero las hay que mecen y que acarician, que se convierten en abrigo y cobijo, que nos levantan y nos ponen en marcha. Ojala fueramos conscientes a cada momento de como es nuestra mirada.


          MÁS ALLÁ DE LA OBSERVACIÓN, “PROFETICA”. Ángeles Abelleira.

Si reducimos la observación a la aplicación de unas técnicas, instrumentos e ítems preestablecidos, nos perderemos una rica información sobre los niños y niñas, así como grandes posibilidades de trabajo no previsto altamente motivador.

Observar la vida abiertos a la sorpresa

Observamos y enseñamos a observar sobre un patrón preestablecido, dejando escaso margen a lo espontáneo, lo sorprendente, lo efímero.

La observación abierta a la sorpresa precisa de:

  • Maestras observadoras con:
    • Serenidad para dedicar el tiempo necesario a la escucha.
    • Respeto a las vivencias de los niños.
    • Versatilidad didáctica para encajar lo que no estaba programado.
    • Badaje cultural para saber aprovechar debidamente lo que nos sorprende.
    • Dominio curricular para justificar lo inesperado.
  • Niñxs observadores:
    • Seguros de que sus observaciones serán tenidas en cuenta.
    • Deseosos de compartir sus sorpresas.
  • Familias:
    • Conocedoras de nuestro modo de trabajar.
    • Cómplices de nuestros juegos de aprendizaje.
    • Una de las condiciones fundamentales es no someterse a las tiranías del tiempo escolar programado minuto a minuto.
    • Más que trabajar por proyectos estandarizados, nosotras solemos hablar de experiencias de vida que surgen al hilo de las sorpresas cotidianas.


Algunas cuestiones que se formulan cuando se comenta el día a día en el aula:
  • ¿Qué hacer con las programaciones anuales a las que obliga la norma?
  • ¿Tienen sentido esas programaciones a priori?
  • ¿No se corre el riesgo de vivir en la improvisación didáctica?
  • ¿En nuestra ausencia, que pauta debe seguir quien nos sustituya?¿Es así posible la coordinación con las especialistas que intervienen con el grupo, con otras compañeras de nivel y con la programación del centro?
  • ¿Cómo formulamos la evaluación del alumnado con relación a otros compañeros si hay que utilizar ítems comunes?
  • ¿Todos los docentes de infantil podrían/deberían trabajar este modo?

Nosotras siempre nos remitimos a los principios educativos de la etapa, son claros, no admiten discusión.

Aunque pueda parecer una idea conservadora, la gran revolución, la verdadera innovación sería cumplir con la filosofía y los principios básicos de la etapa recogido en el currículo.

La observación debería ser base de toda acción educativa, de las concepciones sobre la diversidad, de la evaluación y de la mejora.

Loris Malaguzzi desdeñaba lo que el denominaba pedagogía profética, -aquella en la que todo está programado de antemano, la que presupone una consecuencia a cada acción-. A nosotras nos sucede lo mismo con la observación profética, esa que se limita a constatar si un niño o niña cumple unos parámetros que hemos establecido de antemano como ítems de esa observación/

Mientras las maestras estemos ocupadas redactando y siguiendo un guión preestablecido, cubriendo infinidad de documentos irrelevantes, no quedará ni tiempo ni ánimo para observar la vida.


                      OBSERVAR PARA COMPARTIR. Marian García Martínez.


Para poder construir el relato, es importante usar el taburete de pensar; el lugar desde donde observar lo que acontece y recogerlo.

Tiempos de calidad, donde el adulto no interfiere en sus acciones, a no ser que sea necesario, dejando que ellos sean los protagonistas y habitantes del aula, visibilizando así sus necesidades, posibilidades, peculiaridades e intereses.

Es dejar que nuestra mirada sea conducida por los niños y niñas, mirarles con el corazón abierto.

Activar la pedagogía de la escucha.

Loris Malaguzzi; “las cosas de los niños y para los niños solo se aprenden de los niños”.

Una vez sacado el jugo a través de la observación, podemos compartirlo con las familias.

Disponiendo de valiosa información, luego solo deberemos cuidar de los formatos que vamos a utilizar para compartirla y difundirla, teniendo en cuenta también nuestra intencionalidad en cada caso.

La escuela se convierte en un lienzo sobre el que contar, mostrar, narrar...




             RECUERDO PARA QUE OBSERVO?. Teresa Hunguet Comelles.


Criterios para la autoevaluación relacionados con el uso que hago de la observación:

  • ¿Considero importante observar a los niños y niñas y a mi misma y me doy momentos y espacios a lo largo de la semana para realizar estas observaciones?
  • ¿Tengo guías o pautas preparadas sobre aquello que he identificado que necesito observar? Pueden ser momentos concretos, situaciones, niños que me preocupan, ámbitos de desarrollo de las criaturas que conozco menos, etc.
  • ¿Tengo siempre a mano la cámara/vídeo para recoger situaciones y momentos interesantes para analizar, recordar o comentar?
  • ¿Cuando ocurren cosas que me llaman la atención, diferentes o interesantes, aprovecho para documentarlas y recogerlas?
  • ¿Como sistematizar y ordenar mis observaciones?
  • ¿Comparto mis observaciones, vídeos y fotografías con las familias? ¿Les pido a ellas también que aporten registros, notas y videos para compartir la evolución del niño?
  • ¿Nos observamos entre maestras y educadoras? Contrastamos nuestras observaciones?
  • ¿Compartimos nuestras observaciones sobre los niños evitando visiones cerradas, para contrastar, para pedir ayuda, para conocer otras miradas?
  • ¿Desarrollamos un lenguaje que evite etiquetar, clasificar, categorizar a los niños, sobre todo en negativo, y potenciamos un lenguaje positivo que no limite nuestras expectativas?
  • ¿Organizo los espacios y las situaciones de manera que me permitan observar a los niños?
  • ¿Comparto los criterios, las herramientas y las estrategias y prácticas de observación con el equipo?¿ Hago propuestas concretas para trabajarlo en equipo y participo en ello?



     QUIERO OBSERVAR, PERO ME ES IMPOSIBLE. Alexandra Mediavilla Rodríguez.

Antes de poder observar, conviene hacer una revisión profunda sobre:

  • El espacio, los materiales y los tiempos: si son adecuados, respetuosos y seguros, si los niños pueden desenvolverse de manera autónoma y relajada.
  • Las propuestas: si son cerradas y pretendemos que todos hagan lo mismo a la vez, dependerán mucho de nuestra presencia.El grado de autonomía de los niños y niñas, así como el tipo de relaciones que surgen: si dependen de nosotras para todo, difícilmente podremos observar, y lo mismo si surgen conflictos entre ellos que requieren nuestra constante intervención.
  • El grado de confianza que tenemos en cada uno de los niños y las niñas, en sus posibilidades de acción y de relación, en los recursos de que disponen para gestionar pequeños conflictos y superar retos de su día a día en la escuela.
  • El rol de los adultos en el aula: hay que tener en cuenta si nuestra presencia es el centro de lo que acontece.


Durante la observación, surgen otros aspectos para tener en cuenta:

  • Definir y acotar lo que vamos a observar por considerarlo importante y necesario dentro del equipo: a un niño en concreto o a varios, a qué juegan y con quién, cuándo surgen los conflictos y por qué creemos que surgen, con qué recursos cuentan para gestionarlos…
  • Mostrarnos disponibles aportando seguridad a cada niño y niña desde nuestra ubicación. Las miradas en la distancia pueden apoyar y animar, pero también cohibir e intimidar.
  • Hacer uso de esa mirada periférica que nos permite estar observando algo muy concreto, a la vez que sabemos qué está ocurriendo en otras zonas del aula.
  • Librarnos de nuestros propios prejuicios e intentar ser objetivas en las observaciones. Luego, en el equipo ya pasaremos a interpretarlas.
  • Creer y confiar en lo que estamos haciendo, por que observar no es estar “sin hacer nada”. Superar los sentimientos de culpa y ser capaces de fundamentar y argumentar a los demás qué estámos haciendo y por qué, dando el valor, así, a estas acciones y situaciones.